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Opinión 04/06/2018 6:56 am

Voces de la Academia: El café de El Hatillo

Instalados en estas tierras los canarios, labradores en su mayoría, se sintieron a gusto en sus fértiles suelos. Fundaron pequeños hatos, que le dieron el nombre al poblado. Le llamaban Atillo, Jatillo o Hatillo, que quería decir hato pequeño o lugar de postas para el viajero en la vía hacia Caracas o Los Valles del Tuy.

En 1.754 llega don Baltasar De León y al establecerse, solicita al Obispo Diez Madroñero, permiso para construir una capilla, hoy del Calvario, bajo la advocación de Santa Rosalía de Palermo, patrona de las pestes, en agradecimiento por salvarle de morir de una epidemia de viruelas, desatada en la prisión de La Carraca. Así se edifica la primera sede religiosa con paredes de bahareque y techo de caña, inaugurada el 3 de septiembre de 1.766.

De León, se casa el 2 de agosto de 1.784, bajo dispensa eclesiástica, con su prima Ana Francisca Pérez García, amante de los niños, enfermos y necesitados. De dicha unión nace José.

De León y su cuñado Juan Isidro Pérez García, ceden parte de sus tierras para la edificación, siguiendo las normas españolas al fundar un pueblo, construir la iglesia, la plaza y unas 50 casas.

El 12 de junio de 1784 ante 180 familias hatillanas, De León funda El Hatillo y el gobernador declara su autonomía como parroquia.

Se coloca la primera piedra para el nuevo templo y años después se inaugura la iglesia parroquial de Santa Rosalía, que es hoy uno de los símbolos culturales más representativos del municipio. Al estar lista, la capilla de El Calvario anterior pasó a dedicarse al Santo Sepulcro.

Doña Juana Francisca de León, hermana de Baltasar, casada con don Juan Álvarez de Ávila, quién tenía una hacienda de café en Chacao sembrada por el padre Sojo y el padre Mohedano. Álvarez de Ávila obsequió a Baltasar un lote de plantas de cafeto, que distribuyó entre los pobladores de El Hatillo.

El Hatillo se convierte en productor de café y hortalizas, que abastecían a Caracas, llegando a ser uno de los mayores centros cafetaleros. En 1787, llegaron nuevos propietarios: Martín Tovar Ponte, Feliciano Sojo y Palacios, Silvestre Tovar Liendo, el Marqués de Mijares y Manuel de Escalona.

Cuando Humboldt visitó la zona en 1799, calificó al café hatillano como de calidad superior. La bebida por excelencia era el cacao, pero fue sustituido por el café.

El 27 de junio de 1803, muere Baltasar De León en la hacienda Los Chorros de Tócome y fue sepultado en la iglesia del Buen Jesús de Petare.

Ana Francisca prosiguió trabajando en pro de la comunidad, parte de su fortuna fue utilizada para socorrer a las víctimas del terremoto de 1812, y muy especialmente para levantar un Hospital de Caridad.

Después de la guerra independentista, el Hospital de Caridad de Petare fue bautizado con el nombre de Pérez de León, en honor a su fundadora. Ana Francisca muere el 18 de agosto de 1812, y fue su voluntad que “se dote un Hospital con seis camas”.

El día 8 de marzo de 2007, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, este centro asistencial se comenzó a llamar “Hospital Ana Francisca Pérez de León”.

El Hatillo llegó a ser el primer productor de café del estado Miranda, con una productividad anual de 5 millones de kilogramos. Esto lo convertiría en 1891 en uno de los pueblos más ricos de la región mirandina.

Entre los cuentos de la tradición oral hatillana, existe una historia que relata, que al quedar huérfano de padre, a don Andrés Bello y a sus hermanos, se les asignó una hacienda cafetalera que se hallaba en Fila de Mariches y desde aquel sitio, se podía ver El Hatillo.

Bello, se embelesaba mirando el paisaje hatillano, le inspiró algunos versos, cuando escribía Silva a la Agricultura a la Zona Tórrida en 1826. Describió la exuberante belleza de nuestra campiña. Existen unos borradores, en los que aparentemente relaciona los recuerdos de la cosecha de su hacienda El Helechal. Y decían:

“…así está vestida

Una y otra ladera

Se ve de suaves y olientes cafetales

En El Hatillo, y donde sus reales

Asentaban otro tiempo en la aguerrida

Gente mariche y donde el teque fiero”

 

 

María Virginia Valera Zerpa

Academia de la Historia del Estado Miranda

 

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