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Opinión 14/05/2018 6:00 am

Voces de la Academia: Cronología de Santa Teresa del Tuy

Historia y cronología han tenido una relación tormentosa, como muchas otras disciplinas de las llamadas ciencias sociales. Ambas se apoyan mutuamente y son auxiliares recíprocas en sus búsquedas y hallazgos. La historia no es, sin embargo, una simple relación temporal de sucesos más o menos importantes ni la cronología sustituye un análisis histórico profundo, pero ambas se suponen, interconectan y requieren.

En la mente de muchas personas sobrevive la terrible experiencia del énfasis cronológico exagerado para el aprendizaje memorístico de secuencias de batallas, reyes, dinastías y presidentes, entre muchas lecciones olvidadas tras un examen. A veces, también, sorprende la falta de perspectiva cronológica de algunas personas demasiado imbuidas en un volátil y flamígero presente. En ocasiones, la historia oral tiende no a confundir exactamente la cronología, sino que la desdibuja y reinterpreta a partir de una noción distinta: la importancia o pertinencia social de los eventos. Quizá ello responda a una disposición diversa: un orden lógico, independientemente de cuál sea su lógica, pero un orden basado en la relevancia de los sucesos para una comunidad o grupo social, incluso para una persona. Cuando ello ocurre, quienes tienen, por naturaleza u oficio, una memoria o una pericia de tipo cronológico sufren tratándose de ubicar en el espacio temporal y físico, en los cronotopos o unidades tempo-espaciales, según la categorización de Mijail Bajtín.

En todo caso, la cronología es esencial para la comprensión de la historia y para la reconstrucción de procesos regionales. Las cronologías comparadas suelen ser de gran utilidad, y casi una síntesis de interpretación histórica. Muchas publicaciones las incluyen y constituyen adecuadas guías para aproximarse a un personaje, a su obra, a un determinado proceso. La Biblioteca Ayacucho, ese extraordinario esfuerzo editorial para la memoria de América Latina que ha impulsado el Estado venezolano desde 1974, ha incluido en muchos de sus volúmenes cronologías analíticas y comparadas: la vida del autor, de su país, de América Latina y el mundo.

En Venezuela se han intentado diversos ensayos cronológicos y agendas históricas, de gran utilidad para las docentes e instituciones educativas. Las cronologías regionales y locales son de enorme relevancia también. Especialmente, para la historia local o municipal esas cronologías, sobre todo si son de carácter comparativo, pueden ayudar a conservar la memoria histórica y a correlacionar hechos y procesos locales con otros de mayor alcance que se influyan mutuamente.

Un útil ejemplo de cronología local o municipal es el ensayo titulado Santa Teresa del Tuy. Una cronología escrito por Jesús Silva Irazábal, cronista del municipio Independencia del estado Miranda cuya capital es Santa Teresa del Tuy e individuo de número de la Academia de la Historia del Estado Miranda, publicado en 2008 por la Fundación “El Perro y la Rana”, a través del Sistema Nacional de Imprentas Regionales, sede Miranda. Se trata de la segunda edición revisada, ilustrada con algunas fotografías en blanco y negro y con un anexo sobre la visita del obispo Martí a Santa Teresa.

Es una útil guía para acercarse a la historia y la memoria de Santa Teresa del Tuy y sus alrededores. Se presentan hechos y la vida del pueblo y de sus personajes para comprender la evolución histórica del municipio y su relación con la región del Tuy y el resto del estado, así como precisiones sobre epónimos que de otra manera se difuminan y pierden.

Así, por ejemplo, el autor señala que en 1948 “Fallece Dolorita González, como todos la conocían, mujer piadosa dedicada a la enseñanza de las primeras letras y el catecismo, su vida dedicada al servicio docente y religioso de su comunidad, le merecería muchos años después que su nombre fuera dado a la Escuela Básica de la urbanización El Habanero” (pp. 25). Se inserta una imagen de la maestra trajeada a la antigua, una mujer buena que se dedicó a la docencia, como tantas maestras vocacionales de antaño, y a actividades religiosas. También, en la página 26, al recordar el estado de la población en 1950, el autor señala que “Don Andrés.

Barrios, por sus facultades curativas mediante el uso de la botánica y el espiritismo es muy conocido”. Esas pequeñas frases nos hablan de todo un universo cultural que, de seguro, es la herencia de antiguos pobladores aborígenes enriquecida a lo largo del tiempo y que aún perduran por campos y zonas urbanas del municipio.

El libro de Silva Irazábal no es solo un aporte a la historia de Santa Teresa del Tuy sino un modelo para la composición de otras cronologías municipales, importantes bases para intentar luego una del estado Miranda.

Horacio Biord Castillo

Contacto y comentarios: [email protected]

Academia de la Historia del Estado Miranda

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