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Opinión 20/12/2017 6:23 pm

La aclaratoria que nada aclara

Ayer, circuló  una injuriosa declaración que atribuían a una dirigente que coordina el movimiento Vente Venezuela. Una vez la misiva  cumplió sus oscuros propósitos, y las horas alimentaban los argumentos de la misma, apareció una aclaratoria- eso sí, discreta-  del movimiento, y no de la dirigente.

No soy un amante de  las declaraciones ni de las diatribas públicas. Estoy convencido que un político no puede ser un gatillo alegre en el verbo. Su primera obligación no es convertirte en un guerrillero. Tiene que recordar que cada una de sus decisiones afecta a venezolanos. A unos puede ayudar y a otros ofender. Y debe recordar siempre a los ofendidos.

Sinceramente, debo confesar que, nadie dudaría que  esa declaración- aún en el supuesto que no tuviera emisario concreto-, es la voz de los discípulos de un extendido credo  que la política debe ser el oficio de la confrontación y descalificación.

 Claman para la oposición los vicios que destruyeron este país en manos del chavismo gobernante.

La violencia tiene como trofeo hoy día en Venezuela, la catástrofe electoral a la que nos llevó un clima demencial, al que casi nadie se atrevía a oponerse. Un sector político, respetable en su amor por el país, pero equivocados  en los métodos que usan para patentarlo, confunden política con guerrilla. Dos oficios distintos.

La derrota a la que se ha conducido a la oposición con el camino violento, ahora es huérfana. Tan o más, que la misma declaración en comento.

No siempre hay que derribar lo construido ni hay que levantar un edificio paralelo, para hacer política. Hay que aprovechar lo que tiene de sólido, pero hay que rectificar lo que el paso del tiempo y la fuerza de los hechos  hayan dejado obsoleto.

Hay un sector, muy vibrante en redes sociales, siempre listo para la foto de mayor impacto, la declaración más estridente, jugando a los aplausos de las gradas. Circo, nada más.

Sin embargo, este suburbio en que el chavismo ha convertido nuestra nación, no necesita que se le trate como un circo, sino que se le proporcione  la dignidad de volver a ser, lo que ya no es: Un país.

Y un país no se construye ni con milagros ni utopías, sino acomodando  la política a la realidad, que hagamos posible la paz civil por el camino de acuerdos, que sólo se podrá entablar con todo el pluralismo social dentro de las instituciones representativas.

Es casi, un chiste afirmar en esa guerra, que no puedo calificar sino de sucia, que UNT va entregar el parlamento a este Gobierno. Olvidan que la Asamblea Nacional se entregó cuando no la sacamos de la maniobra jurídica que urdió el Gobierno, y no fue gracias al diálogo político que la Asamblea permanece en ese limbo que irrespeta al pueblo de Venezuela, sino la ausencia de él.

De modo que decir eso, y acto seguido argüir que  ‒como está en ese escrito ahora sin emisario ‒ que yo seré algo que me he enterado por redes , es decir, presidente de la Asamblea Nacional (cosa que nadie me ha planteado), es parte de mentes que algo temen,  para no caer en el terreno de descalificaciones  de por sí innecesarias.

Es hora de quitarle dramatismo a nuestra política. Vamos a elevar a la categoría política lo que preocupa al país. Claro, está, desde los intereses personales, o disparando como un Padrón desde el exterior, no se puede ver el drama de VENEZUELA.

El catecismo de los políticos novatos, durante muchos siglos, enseña que los errores de casa se tapan acusando a los vecinos, transando broncas en la calle, recurriendo a la descalificación aún cuando esta toque las praderas del ridículo. La cuestión no es irrelevante.

Las cosas que aquí en tono franco expongo desnudan dos cuestiones vertebrales y preocupantes que interesan a la moral de la democracia, la primera de las cuales es descrita por ella misma con sencillez elocuente: primero, hacer de la política un trapo al cual se ensucia con los intereses de quienes la manejan; y segundo, el resentimiento de quien no pueden entender para qué y por qué sirve la política a un país.

La política logra pacificarnos interpelando a la razón, permitiéndonos conocer mejor la realidad que nos rodea  y suscitando la pluralidad en las interpretaciones.

La política es expresión de democracia ‒si se tiene por cierta‒, condenatoria del César nacido  en los cuarteles y recreado por los plumarios taciturnos- esos que lo mismo prestan su pluma a la violencia que a quienes financian su empeño de impedir que el chavismo salga del poder-, amigos del sincretismo de laboratorio, y  alcahuetes de nuestras muchas dictaduras.

Lamento tener que escribir, para salirle al paso a un intento de combatir las ideas no en las tribunas sino con el argumento amparado en la calumnia, como los matones que a cuchillo y botella resuelven sus dispuestas. Y así, a golpe y porrazo, la política se vuelve vacía.

Finalmente, me preocupa que algunos quieran igual que el chavismo construir un país desde las trincheras. Un Nuevo Tiempo tiene una voluntad expresa de alcanzar una democracia moderna para Venezuela, una democracia en la que la libertad, la justicia social, la participación, la palabra  y la paz sean fruto del esfuerzo de todos y el resultado del que todos se beneficien. El servicio a estos propósitos constituye nuestra más firme posición.

Timoteo Zambrano.

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