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Opinión 13/11/2017 11:12 am

¿Cuál es la importancia de votar en una elección municipal?

El ejercicio del derecho político del sufragio tiene una importancia diferenciada de acuerdo al tipo de cargo público que está en disputa y a las funciones legales que debe cumplir el funcionario electo, porque no es lo mismo votar para elegir a un presidente de la República que a un alcalde, por ejemplo; y esa valoración queda comprobada en los distintos niveles de participación que se observan en los procesos electorales para elegir cada cargo de representación popular; sin embargo, en ambos casos se trata de un mecanismo que permite expresar la voluntad de los ciudadanos para ratificar o cambiar un estado de cosas, de una forma libre. Cuando se vota para elegir un alcalde no se espera que esa autoridad tome decisiones sobre macro economía, conduzca la política exterior del país o sea el jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales porque esas funciones le corresponden al presidente de la República; o al revés, éste no se ocupa de asuntos que son propios de los alcaldes como la obligación de ejecutar medidas que tienen un considerable impacto en la calidad de vida de las personas bajo su jurisdicción, especialmente en temas relacionados con la prestación inmediata de servicios públicos mínimos tal como lo indica la Ley Orgánica del Poder Público Municipal. El artículo 2 de esta ley establece que “el Municipio constituye la unidad política primaria de la organización nacional de la República, goza de personalidad jurídica y ejerce sus competencias de manera autónoma. Sus actuaciones incorporarán la participación protagónica del pueblo a través de las comunidades organizadas, de manera efectiva, suficiente y oportuna, en la definición y ejecución de la gestión pública y en el control y evaluación de sus resultados”; lo cual indica que la elección de un alcalde es un acto que está directamente relacionado con el entorno y la vida cotidiana del ciudadano. Sin embargo, el artículo 56 es más explícito porque además de las competencias concurrentes, descentralizadas y delegadas los municipios tienen facultades propias tales como el gobierno y administración de los intereses propios de la vida local; la ordenación y promoción del desarrollo económico y social; las políticas inquilinarias; el mejoramiento de las comunidad en ordenación territorial y urbanística; el catastro, patrimonio histórico, viviendas de interés social, turismo local, plazas, parques, jardines, el ornato público y los sitios de recreación. Además, los municipios deben velar por la vialidad urbana; la circulación y ordenación del tránsito de vehículos y personas; los servicios de transporte público urbano; la protección del ambiente y la cooperación en el saneamiento ambiental; el aseo urbano y domiciliario, la atención primaria en salud; la protección a la infancia, a la adolescencia y a la tercera edad; la educación preescolar; la integración de las personas con discapacidad al desarrollo comunitario; las actividades e instalaciones culturales y deportivas; la protección, vigilancia y control de los bienes; los servicios de agua potable, electricidad, gas doméstico, alumbrado público, alcantarillado, canalización y disposición de aguas servidas; mataderos, cementerios, funerarias municipales, abastecimiento alimentario y mercados;  la atención social sobre la violencia contra la mujer y la familia; la prevención y protección vecinal y los servicios de policía municipal. Es decir, el alcalde es como un conserje del pueblo. En resumen, si usted vive en un municipio donde prevalece el caos, la inseguridad, la improvisación, la anarquía, la desolación, el abandono, los  pésimos servicios públicos y la corrupción galopante, puede votar para ratificar el continuismo y el malandraje sin control; pero si lo prefiere limpio, ordenado, seguro, con óptimos servicios públicos y obras sociales en todos los sectores geográficos, puede votar para cambiarlo por una administración moderna y honesta. Allí radica la principal importancia y la magia del voto municipal. FREDDY MARTINEZ, COME BACK. El Psuv y su candidata para la alcaldía de Guaicaipuro del estado Miranda saltaban de alegría porque creían que no tendrían un adversario de la oposición en estas elecciones municipales, pero como dice mi pana El Chino Reboso “para comer cochino, primero hay que matarlo” porque hay veces que algún evento no considerado puede cambiar el destino del animalito. La candidatura de Freddy Martínez para esta alcaldía se estaba cocinando en silencio y cuando fue postulado por Copei, con la anexión de UNT, generó un gran impacto positivo en la opinión pública local y despertó un sentimiento unitario más allá de las organizaciones políticas debido a que tiene una exitosa gestión que mostrar de cuando ejerció el cargo de 1.995 al 2.000. En cinco años construyó diez veces más obras que los tres alcaldes oficialistas en 18 años y con menos presupuesto, como la avenida José Arvelo (ahora Miranda), el Palacio del Deporte, el inicio del Metro de Los Teques a través de una empresa de capital mixto entre el gobierno nacional, la gobernación y la alcaldía; el proyecto de construcción y la disposición del terreno de 1.200 apartamentos de la urbanización Alto Verde, 25 escuelas municipales, la compra del relleno sanitario El Limoncito o la creación de la policía municipal. Los estrategas comunicacionales de su campaña diseñaron el slogan “por Freddy yo sí voto en Guaicaipuro” en la certeza de que hacer recordar su gobierno es un factor determinante para motivar la participación electoral porque los votos existen como lo comprueban los resultados de la Asamblea Nacional y los de gobernadores en los cuales la oposición le ganó al oficialismo con considerable ventaja; pero el desafío es despertar las ganas de votar; además, como un reconocimiento a las más de 6.000 obras que pudo ejecutar, muchas de la cuales se construyeron en los sectores populares del municipio y que son las únicas que existen; y por eso se podría dar el fenómeno del voto cruzado porque hay muchos seguidores de Chávez (no de Maduro) que lo están apoyando porque añoran ese tiempo en que en este municipio existía seguridad, orden y buenos servicios públicos y están hastiados del continuismo incapaz de los últimos años, así como la inmensa mayoría de los guaicaipureños. Sergio Graffe / Politólogo 

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