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Opinión 12/04/2017 12:13 am

Maduro debe renunciar 

 

La pléyade madurista come en los restaurantes más exquisitos dentro y fuera del país, pero miles de venezolanos hurgan entre la basura tratando de encontrar un mendrugo

Finalmente lo que tanto veníamos advirtiendo está ocurriendo con mayor celeridad. El país se tiñe de sangre cada día desde que Nicolás Maduro asumió el poder el 13 de abril de 2013, cuando quiso imponer a la otra mitad del país una agenda personal, sin convocar una Asamblea Nacional Constituyente (tal y como fue nuestra sugerencia), para evitar una crisis política que también derivó en crisis económica y social.

Desde ese entonces, Venezuela ha entrado en una vorágine de corrupción, delincuencia, impunidad, destrucción de la economía, empobrecimiento de la población, y lo más grave, persecución política y muerte por enfrentamientos de tipo militar, civil y paraestatal, o sea de guerrillas urbanas, llamados “colectivos armados”.

Igualmente, nefastas decisiones del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por parte de unos “magistrados” que fueron designados por la saliente Asamblea Nacional, solo han dictado sentencias contra el parlamento vigente, lo cual no solo deslegitima a la actual cúpula “jurídica” para dictar normas contra los actuales diputados, sino que además esos “jueces” también han sido condenados por la fiscal general de la república en relación con sus acciones, lo cual ha generado sobre Venezuela un escándalo de proporciones internacionales sobre la aplicación del Estado de Derecho, así como sobre la autonomía de los poderes y el ejercicio de la legalidad.

El país simplemente está destrozado en su moralidad. La ética para los funcionarios del resto de los poderes públicos se convirtió en patrimonio de letrinas cuando tenemos un “contralor” que sanciona (inhabilita) a opositores, cuando él declara que practica el “nepotismo positivo”, es decir, contrata a toda su familia en cargos de la administración pública bajo lo que se define como tráfico de influencias. En el campo de los propios “magistrados”, un exdiputado votó por él mismo para ser parte de esa camarilla de huestes judiciales. Y tenemos una máxima que no se puede marchar hasta la sede de la Defensoría del Pueblo. ¿Por qué? Es simple. Porque quien debería ser garante de los derechos ciudadanos, ha ejercido varias funciones, entre ellas como gobernador de un estado por parte del partido de gobierno. Para qué mencionar a las rectoras del Consejo Nacional Electoral (CNE), quienes evaden entregar el cronograma de elecciones vencidas y por cumplirse en los próximos meses.

Durante el gobierno de Maduro no existen altos funcionarios, civiles ni militares, que hayan sido procesados por corrupción. Irónicamente, mientras ellos disfrutan descaradamente de las mieles del poder. Cobran viáticos en moneda extranjera, a pesar de que nuestros pensionados y jubilados en el exterior fueron abandonados a su buena suerte. Mientras esos ministros y viceministros se desplazan en sendas camionetas blindadas, nuestro pueblo sufre las inclemencias de un transporte público colapsado. Toda la pléyade madurista come en los restaurantes más exquisitos dentro y fuera del país, pero miles de venezolanos hurgan entre la basura tratando de encontrar un mendrugo. Y cuando ellos, por alguna razón deben acudir a un médico, visitan las más costosas clínicas privadas, incluso visitando el exterior, mientras niños y ancianos mueren en los hospitales por falta de medicinas o materiales médico-quirúrgicos.

Venezuela está herida de muerte mientras Nicolás Maduro siga en el poder. Aquí nada quedará de pie, hasta que él, junto con su grupo de zascandiles, no terminen por entender que su presencia en el campo de lo ínfimo que nos queda de “institucionalidad” solo está mantenida por una bomba de oxígeno que se agota. El país está exigiendo su salida del poder.

La fiscal general de la república dio un paso muy importante para evitar la consumación del neototalitarismo, pero aún nos queda devolverle a la población la tranquilidad de los derechos expresados en nuestra Constitución, que a cada momento son violados por quienes equivocadamente están ejerciendo la doctrina del poder, pretendiendo ser omnímodos en su concepción política, militar y social.

Por el bien del país, Maduro debe renunciar o el país se llenará de sangre. La historia será irreversible. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

Javier Antonio Vivas Santana

aporrea.org

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