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Opinión 30/07/2015 10:55 am

Entre la libertad y la mala fe

Siempre se nos ha enseñado a no obrar de mala fe, es decir, a no perjudicar al otro como forma de respeto y reconocimiento hacia su vida. Sin embargo, este principio siempre nos lo han inculcado como modo de actuar frente a los demás y no para con uno mismo. Sumado a esto, tal principio viene acompañado de una carga moral, pero aquí no hablaremos de moral, ya que los fenómenos morales no existen, sino sólo interpretaciones morales de los fenómenos, es por ello que en este texto nos situaremos más allá del bien y del mal.

Pasemos a la pregunta principal de este artículo: ¿Cuándo un hombre actúa de mala fe para consigo mismos? La respuesta es simple: cuando se resigna ante todas aquellas situaciones que pueden ser transformables a través de su acción, pero prefiere mostrarse pasivo debido a presiones de diferentes tipos, o bien porque actuar le resulta difícil.

El hombre que se resigna pierde su libertad, prefiere marchar con botas que le son cómodas a bailar descalzo. El hombre libre actúa en consonancia con lo que desea sin importar las vicisitudes u obstáculos, ya que no se permite a sí mismo encontrarse encarcelado por cuestiones externas a él, sino que las vence con su propia voluntad de hacer lo que le hace feliz.

Los tres pilares fundamentales de la existencia del hombre son la mente, la pasión y la obra. El hombre libre obra según lo que le dictan los dos primeros. El hombre que actúa de mala fe para consigo mismo permite que sus obras moldeen su mente y su espíritu, ya que él mismo no las controla.

Si tuviéramos que ilustrar a ambos tipos de hombre, el hombre que se resigna sería una nube: flotante y sin rumbo. Pero el hombre libre sería un ave: certera y firme en su vuelo.

Ahora ¿A qué nos suena todo esto en nuestro contexto político?

Una de las formas en que muchos venezolanos se han resignado ante la perpetuación en el poder de este régimen ha sido al seguir a una oposición que no les representa. Esto se ve acentuado cuando son llamados a votar por una serie de individuos que sabemos no tienen ningún tipo de firmeza en cuanto a lo que debería ser su postura como oposición. Ellos siempre reconocen las victorias del oficialismo a pesar de los fraudes que bien conocemos. Irónicamente siguen creyendo que es mejor votar porque, algo es algo.

Pregunto: ¿Es una verdadera oposición la que busca dialogar y convivir con un régimen dictatorial, o una que lucha hasta el cansancio por la defensa de los intereses de quienes les siguen?

Otra forma de resignación es optar por adaptarse a las malas condiciones en las que se vive. Hacer normal el resolver para el día siguiente. Esto pareciera inevitable, pero al tener conciencia política de la fuerza que tiene la sociedad civil, se puede lograr comenzar a cambiar el entorno. Es la única manera que tenemos para poder salir de esto, porque ya está harto demostrado que el voto en dictadura no es la mejor forma de lucha. Es necesario desobedecer y desconocer a los opresores.

Para abrir paso a la reflexión posterior, finalizo con un comentario del gran poeta Khalil Gibrán: “Si es un tirano a quien queréis derrocar, ved primero que su trono, erigido dentro de vosotros, sea destruido”.

Libertad o Nada

Por Richard Rivas (@RD_Rivas) de @VFutura

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